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ECOS DEL 2º. CONGRESO ARQUIDIOCESANO DE BIOÉTICA

Rocío Ortiz Rico

Una de las realidades más dolorosas y alarmantes que crece aceleradamente en nuestro país es la trata de personas. A ella se suman las desapariciones, el narcotráfico, la explotación sexual y el trabajo forzado, flagelos que no dan tregua y que lastiman profundamente a la sociedad, dejando a miles de familias atrapadas en un dolor que parece interminable.
Niñas, niños, jóvenes y adultos, principalmente mujeres, son víctimas de estas redes de violencia y pasan a formar parte de frías estadísticas. Mientras esta tragedia ocurre frente a nuestros ojos, muchas veces como sociedad preferimos desviar la mirada ante una realidad que incomoda y duele, cayendo en la indiferencia y la omisión.
La trata de personas es una de las heridas más graves de nuestro tiempo. Más de 50 millones de personas viven actualmente en condiciones de esclavitud moderna, víctimas de un sistema que convierte la vida humana en mercancía. La Iglesia, fiel al mensaje del Evangelio, denuncia con firmeza esta realidad que atenta contra la dignidad humana y vulnera los derechos fundamentales de las personas.
En los últimos años, este fenómeno ha crecido de manera preocupante, afectando especialmente a mujeres, niñas y niños, quienes son captados mediante engaños, falsas promesas o manipulación emocional, para después ser explotados en redes de explotación sexual, laboral o criminal. Detrás de esta tragedia existen causas profundas como la pobreza, la migración forzada, la desigualdad, la violencia y la falta de oportunidades.
Frente a este panorama surge Talitha Kum, una red internacional impulsada por la Iglesia que trabaja en la prevención de la trata, la protección de las víctimas y la promoción de una cultura de dignidad y esperanza. Su nombre proviene del Evangelio: “Niña, a ti te digo, levántate”, frase que hoy representa un llamado a la restauración y a la esperanza para quienes han sufrido la explotación.
Durante el 2.º Congreso Arquidiocesano de Bioética, las hermanas Carmen Ugarte, coordinadora en Latinoamérica de Talitha Kum; Selvi Selvaraj, integrante de la Red Rahamim; y la señora Vanesa Gómez Franco, madre buscadora, compartieron desde distintas perspectivas la gravedad de esta nueva forma de esclavitud que afecta a miles de personas.
Particularmente emotivo e impactante fue el testimonio de Vanesa Gómez Franco, quien narró el profundo dolor que ella y su familia viven desde hace más de medio año, tras la desaparición de su hija Ana Amelí García, de 19 años. Con valentía y esperanza, continúa buscándola incansablemente junto a otras madres buscadoras que enfrentan la misma tragedia.
Inspirados también por el testimonio de Santa Josefina Bakhita, patrona de las víctimas de trata, los cristianos estamos llamados a no permanecer indiferentes. Informarnos, educar, acompañar y denunciar con acciones concretas que pueden marcar la diferencia y contribuir a la construcción de una sociedad más humana y solidaria.
La trata de personas no es únicamente un problema social; es también un desafío ético, humano y espiritual. Como Iglesia y como sociedad, estamos llamados a abrir los ojos, levantar la voz y actuar con valentía.

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